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23.12.05

05:20 - Te necesito

Sally se dijo que el amor a primera vista debía ser algo así. Sólo conocía a Gunnar desde anoche, pero le fascinaba. Parecía saber la respuesta más adecuada a cada una de sus palabras y acciones. Era la persona perfecta. Aún no podía creerse que lo hubiera encontrado, y que él, a su vez, se hubiera enamorado de ella. Y aquí estaba, en su cama.

Gunnar estaba loco de alegría. Al fin la había conseguido. Era la que siempre había deseado. Reunía todas las características que podía ocurrírsele pedir.

Aunque le parecía imposible que Gunnar fuera mejor, seguía sintiendo cierto malestar. Acostarse con alguien nada más conocerlo no era, ni mucho menos, lo que acostumbraba. Pero todo había sucedido con tanta naturalidad... “Si me hubiera resistido, seguro que ahora estaría arrepintiéndome”.

Realmente, él la conocía de antes. La vio pasar en coche, y supo al instante que era la que necesitaba. Tras varias semanas investigando, la noche anterior pudo, por primera vez, hablar con ella.

Desnuda como estaba, Sally apartó la sábana, se incorporó y empezó a cotillear por la habitación. Gunnar le había dicho unas horas antes que volvería a mediodía, y le había dado libertad de movimiento cuando se levantara; vivía solo.

Gunnar confirmó lo que pensaba. Si, era ella, justamente ella. Al fin.

La cama estaba en la esquina inferior izquierda de la habitación. En la esquina opuesta había un armario, en la pared derecha la puerta al pasillo y frente a la cama una mesa, atiborrada de papeles. Sally se dirigió hacia ésta. Gunnar no le había parecido una persona desordenada, aunque no era algo que no se corrigiera fácilmente. La mayoría de los papeles carecían de interés alguno; apuntes y fotocopias (era estudiante de Psicología, según le había dicho).

Ella ocuparía el hueco que había dejado Pam...

Le llamó la atención un cuaderno de pequeño tamaño. No reunía ninguna característica especial, pero estaba colocado de tal forma que sobresalía entre el caos. Hasta ahora Gunnar había cumplido todas sus expectativas; quizás lo hubiera dejado ahí para que ella lo leyera. Es más, estaba segura de ello. Parecía ser una especie de diario. Con una sonrisa, lo abrió por la última página; seguro que había escrito algo sobre ella y quería que lo leyera. Pero la última anotación era de más de seis meses atrás. Ligeramente decepcionada, Sally siguió leyendo. Hablaba de una chica, una tal Pam. Mientras leía se iba viendo reflejada en ella; parecían ser idénticas. Al llegar al final se le formó un nudo en la garganta. Gunnar había escrito “la necesito”. Era la misma expresión que había utilizado con ella. Aunque con la sonrisa borrada, Sally se dijo que estaba exagerando; de eso hacía más de seis meses. No tenía por qué ser un obstáculo entre ellos.

Dejándola apoyada en el pasillo, llamó a la puerta.

-Cariño, soy yo.

Aunque había esperado asustarse, no lo hizo. El delicado Gunnar podía hacer que un golpe en la puerta tuviera la sensibilidad que un poeta no encontraba para su obra. Soltando precipitadamente el diario, le dijo:

-Adelante, pasa.

Aún estando en su propio cuarto en su propia casa, le pedía permiso para entrar. Su humildad, rozando lo ingenuo, era lo que más le gustaba de él.

Vio, como esperaba, que el diario no estaba donde lo había dejado. Esbozó una sonrisa triste.

-Ya lo has leído, ¿verdad?

A Sally se le cayó el mundo encima. Su curiosidad podía haber dado al traste con algo que había empezado tan bien. Tan maravillosamente bien... Sintió que las lágrimas se agolpaban en sus ojos.

-Perdóname... en serio, lo siento muchísimo... yo... sólo... creía que... perdóname...

-Vamos, vamos, tranquila. No pasa nada. Entre nosotros no debe haber ningún secreto, te lo habría contado de todas formas. Pam... bueno, se fue. Es una historia triste. Se parecía mucho a ti... Creo que tengo una foto suya ahí, bajo ese libro. Ahora vengo, voy a lavarme las manos.

Salió al pasillo.

Sally se recompuso. Después de todo, ¿por qué habría de pasarle nada? Tenía razón, no habría necesidad de secretos entre ellos. Levantó el libro que le había indicado y, efectivamente, encontró una foto. Sólo se veía su cabeza. De lejos vio que no se parecía en nada a ella, y que tenía una expresión extraña. De cerca, vio que estaba separada del cuerpo.

Con un tajo limpio, le cercenó el cuello. Soltó el hacha para sostener la cabeza; no podía permitir que cayera y se estropeara, ahora que al fin la había encontrado. La puso mirando hacia él y la examinó: su rostro reflejaba no tanto horror sino una profunda decepción. Creía que había encontrado a su pareja ideal, y el choque con la realidad había sido violentísimo. Era justo lo que buscaba. La llevó al salón y la colocó en una de las decenas de vitrinas que se extendían por todo el perímetro de la sala, cada una conteniendo una cabeza femenina.

-Te mentí. Esa no era Pam. Pam, como te dije, se fue. Pero tú, cariño, te quedarás en su lugar. Te necesito para mi colección.


Blogger Lucky-Lilith dixit...

Tsss... por repipi!  


Blogger Vaan3333 dixit...

A mi me ha gustado, sobretodo porque me suelen gustar más las historias con este tipo de final que no las que acaban bien.

Lo que más me ha gustado es, que le metes un poco de suspense, eso sin duda lo hace aun mas interesante.

Pronto te veo con Mary higgins Clark (mi escritora favorita de suspense) jejeje. Un saludo. ;)  


Anonymous nixtol dixit...

Este sí, joder, este sí; el final es sorprendente, te ha quedado muy bien.  


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