Me he propuesto firmemente escribir un capítulo a la semana. O si no, al menos, dar una bonita excusa cada miércoles que el tiempo se me haya echado encima. Y esta es la primera de ellas.
Diría que no he tenido tiempo, pero sería pura patraña. Lo que pasa es que no he comprendido hasta ahora la magnitud de lo que tenía que hacer. Sí, magnitud. Una palabra tan seria se puede aplicar también a mi pequeña chorradita. Y es que el primer capítulo lo escribí con las manos y no con el cerebro, así que al ir a hacer el segundo me he dado cuenta de que yo soy el primero en no saber la respuesta a ninguna de las preguntas que formulé. Y no es plan. Por lo tanto, me tomo una semana de “asueto” para definir a grandes rasgos el argumento; en caso contrario esto acabará siendo como DragonLance (y yo escribo mal, pero sin exagerar, eh).
Aparte, hay momentos más propicios que otros para las coñas. Aunque eso no sirve como excusa, ya que el menos propicio ha de ser el más fecundo, por mucho que te cueste escribir. La soledad del cómico, sí... Pero, cuando es por una buena causa, el esfuerzo resulta irrelevante.
Nada más. Si se diera el caso de que esto tuviera algún lector, vuelve el miércoles que viene para una nueva colección de cunnilingus mentales.