Era una noche tan pacífica y jodidamente coñazo como cualquier otra. El sol giraba pacientemente alrededor de la lata de atún cósmica, fenómeno que nunca había estudiado nadie, ya que la carrera de astronomía no tenía salidas (y al no haber vaginas en lata las salidas eran muy apreciadas por los estudiantes). La gente honrada dormía, los búhos ululaban a la Luna (que ese día orbitaba alrededor de Pizza Planet) a coro con los lobos, las luciérnagas brillaban, las arañas tejían, los mosquitos picaban, los murciélagos chillaban y los escritores echaban mano de listas interminables de tópicos. Por supuesto, había excepciones: los jóvenes follaban como si fueran a morir mañana (los viejos no porque habían muerto ayer) y, en Arriquitown, alguien quemaba a lo bonzo a su mujer, sus tres hijos, el perro y un libro de autoayuda sobre cómo salvar tu matrimonio. Pero de eso hablaré cuando se me acaben las ideas (si es que alguna vez he tenido).
Lo importante para esta historia es que en el condado de Adesele un soldado se la cascaba en la puerta de su campamento. Su vida giraba alrededor del término “pelar”: se levantaba de madrugada con un frío que pelaba y pasaba gran parte de la noche pelándosela mientras hacía la guardia. El resto del día pelaba patatas con tesón y un cuchillo. Su intelecto, que tachar de “limitado” sería benévolo, había acabado concluyendo que una guerra la ganaba el bando que pelara más patatas; desde que se alistó como voluntario en la causa del general Levy no le habían encargado otra labor. Aún recordaba ese glorioso día... Bueno, recordaba el día anterior y el día siguiente: el de su alistamiento estaba sumergido en una niebla de vapores etílicos. Sólo guardaba el recuerdo de la alegría que le embargó cuando alguien le dijo “me firmas este papelito y te invito a otra”. En cualquier caso, ahora estaba haciendo guardia (para que el enemigo no les robara las patatas, suponía) y estaba teniendo el mejor polvo de su vida; los hombres a quienes lo más bonito que les ha dicho una mujer es “si me tocas grito” se conforman con poco. Justo cuando la Elsa Pataky de su mente sufría un brutal orgasmo una sombra con expresión sombría surgió de entre las sombras y sombrendiendo- digo, sorprendiendo al asombrado pelapatatas lo partió por la mitad con una espada enorme (y sombreada, sí).
Que desperdicio, ¿verdad? Todo un párrafo presentando a un personaje y luego se muere en una frase. Esto podría simbolizar el inmerecido fin anónimo de aquellos cuya vida fue ejemplar. Pero como los mensajes ocultos solo los usan los escritores gafapastas (o, mejor dicho, los que interpretan sus libros), esto ha significado que se ha muerto y punto pelota.
dixit...
CyaN dixit...
dixit...
¿Y quién dice que no lo haga...? Ya os vale...
dixit...
CyaN dixit...
"Me", pero ahora se metera "le" y ya seremos "os" :P
dixit...
Sí, "os". Y tú el primero... No se porqué te sorprende tanto. No hay que ser muy inteligente para saber que tú lo leerás, o que como mínimo, te enterarás. :P
CyaN dixit...
Visto que ultimamente solo hablamos a traves del blog, y esto es poco serio, dame un toque cuando te conectes y santas pascuas (yo no tengo saldo y no te sabes mi fijo).
Bladimir dixit...
Más vale esto a nada, pero sepa usted que este es mi primer comentario.

